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8 de marzo día de la Mujer

La jornada invisible: cuando el trabajo de cuidar no sale en la nómina

Cada mañana miles de mujeres en España empiezan su jornada laboral antes incluso de que suene el despertador. No fichan. No tienen contrato. No reciben pluses de nocturnidad ni pagan horas extras. Sin embargo, trabajan más horas que muchas personas con empleo formal.

Preparan desayunos, despiertan a los hijos, organizan mochilas, llaman al centro de salud para pedir cita para su madre, revisan si su padre tomó la medicación, ponen una lavadora, responden a un correo del trabajo —si además tienen empleo— y, con suerte, se acuerdan de tomar su propio café antes de que se enfríe por tercera vez.

Este trabajo tiene nombre: cuidados.
Y también tiene un problema: es uno de los trabajos más invisibles de nuestra sociedad.

La doble (o triple) jornada que nadie contabiliza

Desde Grans i Xiquets llevamos años escuchando historias muy parecidas. Mujeres que cuidan a sus hijos, acompañan a sus padres mayores, sostienen emocionalmente a la familia y, en muchos casos, además trabajan fuera de casa.

Si este trabajo tuviera que cotizar, probablemente colapsaría la Seguridad Social. Pero no cotiza.
No aparece en el PIB. Y muchas veces ni siquiera se reconoce dentro de la propia familia.

Lo más curioso es que si una mujer dice que “no trabaja, porque está en casa”, probablemente ese día haya hecho más tareas que un director de empresa en una semana.

La logística doméstica es, en realidad, una auténtica empresa de gestión de crisis permanente:

  • planificación de comidas
  • organización de agendas familiares
  • cuidados sanitarios
  • gestión emocional
  • resolución de conflictos
  • mantenimiento del hogar

Sin vacaciones pagadas. Y con jefes muy exigentes: niños pequeños y padres mayores.

Cuando cuidar pasa factura

El problema no es cuidar. Cuidar es una parte esencial de la vida en comunidad. El problema es quién carga mayoritariamente con esa responsabilidad.

Las consecuencias son muy reales:

  • carreras laborales interrumpidas
  • reducción de jornada con impacto económico
  • pensiones más bajas
  • sobrecarga emocional y física
  • sensación de culpa constante (si trabajan fuera, por no estar en casa; si están en casa, por no trabajar fuera)

Muchas mujeres sienten que viven en una especie de maratón infinita… donde además alguien va cambiando el recorrido cada día.

El gran error social: pensar que cuidar “sale solo”

En muchas familias todavía persiste una idea muy peligrosa: que las mujeres tienen una especie de “habilidad natural” para cuidar.

No es una habilidad mágica.
Es aprendizaje, tiempo, energía y, sobre todo, responsabilidad asumida durante generaciones.

La buena noticia es que los cuidados también se pueden repartir.

Y ahí es donde empieza el cambio.

Qué puede hacer la familia (y no, no basta con “ayudar”)

Primer punto importante: los hombres no “ayudan” en casa.
Ayudar implica que la responsabilidad es de otra persona.

La clave es compartir la responsabilidad real.

Algunas acciones concretas:

  • Repartir tareas domésticas de forma clara y estable.
  • Involucrar a todos los miembros de la familia, también a los hijos.
  • Planificar los cuidados de personas mayores entre varios familiares.
  • Reconocer explícitamente el trabajo de quien cuida.

Porque sí: decir “gracias” también cuenta. Y mucho.

Qué pueden hacer las empresas

Las empresas suelen hablar mucho de productividad, innovación y liderazgo. Pero pocas veces hablan de algo que afecta directamente al rendimiento de muchas trabajadoras: la carga de cuidados.

Algunas medidas que realmente ayudan:

  • horarios flexibles reales
  • teletrabajo cuando sea posible
  • permisos de cuidados más amplios
  • cultura empresarial que no penalice la conciliación
  • liderazgo sensible a estas realidades

Cuando una empresa entiende esto, no pierde productividad. Gana compromiso y bienestar laboral.

Qué puede hacer la sociedad

El cambio también pasa por algo muy simple: reconocer que cuidar es trabajo.

Y eso implica:

  • políticas públicas de apoyo a cuidadores
  • servicios de atención a la dependencia accesibles
  • corresponsabilidad real entre hombres y mujeres
  • cambiar el discurso cultural sobre el valor de los cuidados

Porque una sociedad que ignora los cuidados está, literalmente, apoyándose en trabajo gratuito.

8 de marzo “NO es solo una fecha en el calendario”

El Día Internacional de la Mujer no es solo una fecha para regalar flores o publicar frases inspiradoras en redes sociales.

Es, sobre todo, un día para mirar de frente realidades que llevan demasiado tiempo escondidas.

Entre ellas, la de millones de mujeres que sostienen la vida cotidiana de familias enteras. Sin titulares. Sin reconocimientos. Sin sueldo.

Pero con una capacidad de organización que probablemente salvaría más de un ministerio.

Este 8 de marzo quizá podamos empezar por algo sencillo:
mirar alrededor de casa y preguntarnos quién está haciendo el trabajo invisible.

Y, sobre todo, cómo empezamos a compartirlo.

Porque cuidar no debería ser una carga silenciosa para algunas mujeres.

Debería ser una responsabilidad colectiva.

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